viernes, 18 de septiembre de 2009

CONFLICTOS LABORALES

Hace un año caminando por la ciudad donde resido habitualmente, me encontré con una amiga que hacía tiempo que no veía, por eso de las distancias y de las ocupaciones laborales y familiares. Nos sentamos en una cafetería del centro de la ciudad y comentamos nuestras cosas, hablamos sobre nuestros maridos; ella, sobre sus hijos; del trabajo, me refiero a comentar nuestro día a día laboral.
Me comentaba que estaba cansada de la monotonía, de hacer siempre lo mismo, que no avanzaba, que la empresa no emprendía nuevos proyectos que la motivaran y por lo tanto sentía "el síndrome del quemado". Yo le propuse que se lanzara y le propusiera a su jefe nuevas ideas, algún proyecto que tuviera en mente, porque la creatividad le salvaría del aburrimiento. A lo que ella me contestó: " No es posible, ya lo intenté y mi jefe estuvo a punto de cambiarme de departamento, aunque no lo consiguió porque intervinieron los sindicatos ".
Me quedé atónita, pero seguí animándola y le dije: Si no has podido de esa manera prueba otra cosa, a más opciones más posibilidades de éxito. Y ella me respondió: qué puedo hacer, no se me ocurre nada en este momento. Yo le dije: No es necesario que te precipites, piénsalo detenidamente y cuando tengas estudiado el proyecto y pienses que es viable, lo presentas. Puedes decirle que lo haces por puro altruismo, que necesitas avanzar, que necesitas motivación y eso te lleva a presentar nuevos proyectos que servirán en un futuro próximo para todo el equipo. Me dijo que lo pensaría. Nos despedimos. Quedamos en que nos llamaríamos para poder vernos más a menudo, pero lo que ocurre siempre, dejamos pasar el tiempo y nos olvidamos de nuestros compromisos.
Pero hace unos días, casualidades de la vida, cuál fue mi sorpresa que estando en la playa me llaman por mi nombre de pila, yo miro hacía atrás y era ella. Nos abrazamos, nos besamos y cuando estábamos más relajadas comenzamos a hablar del proyecto que dejamos un año atrás por consumar. Me dijo que lo había conseguido, que le había costado muchos sinsabores, muchas noches en vela, hasta un juicio por mobbing. Pero que había salido de todo aquéllo y lo había atrapado. Yo le pregunté en qué había consistido su proyecto, y ella me contestó: En derribar al adversario.
Me dijo: no aceptaba ninguna de mis propuestas, me humillaba, me ridiculizaba, daba igual que hubiera gente que no; hasta que un día llevé una grabadora. Gravé todas las carcajadas y las humillaciones que hacía ante mis propuestas. Las llevé ante su superior. Estudiaron el caso y al cabo del tiempo lo destituyeron, su lugar lo ocupó otra persona y a mí me nombraron jefe de proyectos y comunicaciones.
Y me dió un consejo: No te rindas jamás, el mundo no es de los fuertes, sino de los constantes. Lo he conseguido por tu idea, pero fundamentalmente ha sido la paciencia, la prudencia, la perseverancia y no dejarme intimidar; sigue tu camino viviendo sin miedo y al final vencerás. Los vencidos, los derrotados, éstos no podrán hacerte daño si tú no les das ese poder. El que aguanta vence.